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El Artista (Parte 01)

noviembre 21, 2010

 

El artista en la Historia del Arte: La Antigüedad

Para empezar este ensayo sobre la figura del artista procuraré trazar, cronológicamente, un esbozo de las ideas que han compuesto el panorama estético del pensamiento. Pretendiendo en este escrito, recalcar el tratamiento de la idea –y su concepción-, y como ésta nos ha ido trasladando de lo divino al alma humana, pasando por intangibles esferas o paralelismos confusos entre el interior y el exterior del artista. Desde la inspiración más divina a imagen y semejanza de un dios, hasta las entrañas de la humanidad y sus despojos.

La Belleza: “aquello que haga detener la mirada”; según la definió Gadamer, es el vocablo y concepto clave en la elaboración de la teoría estética. Más adelante, se le unirá el concepto de lo sublime, como catarsis de dicha belleza (precepto que explicaré más adelante).

“Sólo imaginarla en nuestro espíritu”

En esta sentencia se sintetiza la categoría y significado que se le daba a la ideaartística. Para percibir aquello más bello, aquello digno de ser arte, no bastaba con la vista ni con cualquier otro sentido; ya que se trataba de un asunto más profundo, de un hurgar todavía más hondo. La belleza es tan sólo perceptible por aquello más cercano a la perfección –característica sine qua non de lo divino-. Por tanto, lo más adecuado para englobar estos preceptos sería el intelecto, el pensamiento. La idea como fruto de éste, debía tener, debía poseer algo divino en ella. No podía darse sin esas características, y al mismo tiempo las compartiría con las pertenecientes a la divinidad. Por lo cuál, el artista hacía su obra extrayendo esa parte divina de si mismo, concretamente de su espíritu. Lo que captamos es una copia, sensorialmente. Para Platón sobre las Ideas: “(…) él niega la temporalidad, afirma su carácter eterno, y las considera ubicadas en la razón y en el pensamiento. Todo lo demás nace y muere, se transforma y pasa, no permaneciendo jamás en un único estado.” (Cicerón, “Orador ad Brutum”; II)

 

El artista no es por esto, un mero imitador del trivial y engañoso mundo fenoménico, ni alguien que ligado a rígidas normas y vuelto hacia una ousía –esencia- metafísica es, en última instancia, condenado a un vano esfuerzo. Sino que su propio espíritu guarda un sublime prototipo de belleza, en el cual como creador, puede fijar su mirada interior; y aunque no pueda transferirse a la obra creada toda la perfección de esa imagen interior, contiene ésta, sin embargo, una belleza muy superior a la simple copia de una realidad atractiva, pero presentada solamente a través de los engañosos sentidos, y, sin embargo, muy distinta del simple reflejo de una verdad únicamente cognoscible por el intelecto. Como un efecto en el artista, emana una expresión provinente de su interior que plasma en el opuesto exterior cualidades, prácticamente, divinas.

Aunque esta interpretación de Platón, en primer lugar en Cicerón, era posible únicamente bajo una doble condición: que tanto el concepto de la esencia del arte como el de la esencia de la Idea se hubieran modificado no ya en sentido distinto, sino contrario al originario de Platón. Como nos viene a explicar el propio, Panofsky.

“La autonomía del arte frente a la realidad aparente e imperfecta.” (Panofsky, “Idea”)

Como señala, el pensamiento de la Antigüedad en lo que respecta al arte, yuxtapuso ingenuamente dos principios contradictorios desde el primer momento: por un lado, la idea de que la obra de arte es inferior a la naturaleza, a la que imita hasta lograr, en el mejor de los casos, una perfecta ilusión; y por otro, la idea de que la obra de arte es superior a la propia naturaleza, ya que, al corregir los defectos de cada uno de los productos de ésta, la sitúa frente a nuevos aspectos de la belleza.

Más adelante, en la filosofía griega más tardía, se llega a la convicción de que el arte, en su forma más elevada, puede prescindir por completo del modelo sensible y apartarse, emanciparse de la impresión de lo realmente perceptible.

Dado esto, Filóstrato (que hace responder a su Apolunio de Tyana a un egipcio, que le pregunta si Fidias y los otros artistas griegos habían estado en el cielo para ver a los dioses, y así representarlos) dice: “esto lo ha realizado la fantasía, que es mejor artista que la imitación, ya que ésta representa lo que ve, y la fantasía, en cambio, lo que no ve.” De esta manera, Filóstrato sigue en la línea en que Cicerón ya dejaba claro que, la idea platónica coloca las ideas artísticas inherentes al espíritu del artista (pintores, escultores, músicos e incluso oradores).

Una escultura de Esculapio hallada en Empúries en los restos del asentamiento griego.

 

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4 comentarios leave one →
  1. Lope de Sosa permalink
    noviembre 22, 2010 8:16 pm

    Enhorabuena por este ensayo sobre teoría del arte y en pariticular de la idea de belleza en la antiguedad. Entre los autores que citas me interesa particularmente Cicerón del que he leido bastante de su amplia obra. Ya sabes que tuvo muchas influencias filosóficas en su educación, entre ellas la Nueva Academia, de ahí que lo cites.
    Segun dice la historia, en los periodos de exilio o retiro de la política activa se retiraba a sus fincas y escribía sus obras de contenido más filosófico. Es cierto que cuando habla de la inmortalidad del alma o en sus ideas sobre estética se precibe claramente su influencia platónica, pero en general, en sus escritos sobre moral, política, religión u oratoria y en su principal obra ” De officiis” muestra casi siempre posturas eclécticas, muy propias del gran político que fue, aunque terminó mal por su enfrentamiento con Marco Antonio. Si echas un vistazo a sus “Filípicas” pensarás que se lo tuvo merecido porque lo insultó hasta extremos insoportables para un romano de la época. Y Marco Antonio no se parecía en nada al dubitativo y temeroso Catilina.

  2. Lope de Sosa permalink
    noviembre 22, 2010 8:18 pm

    Espero que nos sigas deleitando con otros ensayos sobre el mismo tema.

    Saludos

    • noviembre 23, 2010 12:01 pm

      Gracias Lope,

      lo que me cuentas sobre Cicerón, me recuerda a lo sucedido con Séneca al final de sus días (que además ha sido inmortalizado en alguna que otra palícula de romanos), si no me equivoco. Y es que los romanos si algo tenían era ‘sus formas’, y parecía un enorme agravío romperlas, pese que tuvieses toda la razón para ser crítico.

      Un saludo

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  1. El Artista (Parte 02) « Rupcultura

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