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Encima del Escenario

noviembre 23, 2011

Hoy explicaré las sensaciones que se sienten al estar encima de un escenario, ya sea como actor o como músico, dos tipos de experiencias muy distintas aunque parezca mentira.

Tras años actuando a nivel amateur en una entidad del barrio, las experiencias y las anécdotas se han ido sumando en los recuerdos. Algunas han sido buenas, otras increíbles y siempre hay las que no quisieras que se volvieran a repetir. Aún así, subir a un escenario representa para muchos una de las mejores vías de escape del tedio de lo cotidiano. Además de que hay unos puntos que siempre se repiten, unas sensaciones que te permiten saber que por unos instantes estas vivo.

Ser capaz de transmitir sentimientos a las personas es una de las cosas más difíciles de hacer, supongo que cuando amamos a alguien es porque conseguimos precisamente esto con una persona cuya confianza es enorme. Pero en el teatro debes transmitirlo ante el desconocido mediante la expresión, la acción y, sobretodo, tu construcción del personaje. De entre muchos personajes que he hecho recuerdo especialmente a un maltratador, por la dificultad de estar en diálogo constante durante media hora, con una gran tensión psicológica entre la pareja que lograba poner al público en la piel de la acción dejando de ser meros espectadores pasivos. Cuando esto pasa, el actor y la actriz reciben del espectador una fuerza, una empatía o odio que se sobrepone a cualquier otra sensación. Una energía que te llena tanto la autoestima que al final, cuando llega el saludo, no sabes muy bien si reír, llorar de alegría o abrazar a todos agradeciéndoles sus aplausos.

Por otro lado hay el escenario musical. Bastante diferente al teatro en los casos que he vivido.

Aunque para poder hacer reaccionar al espectador de un concierto de música bailable sean necesarios puntos del teatro como ahora ser cercano, transmitir alegría y fuerza, por entremedio hay la música que es lo que interesa al público. En este caso la experiencia me ha enseñado que para hacer reaccionar al público se tiene que ir al 100% desde el inicio, sin miedo a la inactividad de los que miran, porque tarde o temprano se dejaran llevar por esa fuerza; sean diez o ciento veinte. Entonces llega el momento en el cuál ves a toda la gente bailando, disfrutando aunque no sea su estilo más querido, situación de catarsis colectiva en el escenario y debajo, situación en que un escalofrío recorre todo tu cuerpo que te hace impulsar aun más fuerza al público que ellos te devolverán, creando un circulo que crece sin parar. Al finalizar estas tan pletórico que crees que eres capaz de hacer cualquier cosa. Aunque si no se da reacción del público, solo te quedas con la sensación de haber compartido con tus compañeros de grupo un buen rato, pero con mal sabor de boca.

Para finalizar con la exposición animar a los lectores de este blog que se sientan hartos de ser fantasmas errantes aplastados por la rutina, que suban a un escenario que al final la satisfacción de ver tu trabajo recompensado con un aplauso probablemente vale mucho más que cualquier otra cosa.

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