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Del Totalitarismo a la Revolución

mayo 29, 2011

Este escrito pretende realizar una breve reseña sobre una serie de libros que he escogido para adentrarnos en la temática de esta semana: Revoluciones y Política. La selección que he hecho consta de 4 títulos acorde a la relación que guardan entre ellos: la crítica ante sistemas represivos. Dichas obras son: ‘1984‘ de George Orwell,  ‘Fahrenheit 451‘ de Ray Bradbury, ‘Un mundo feliz‘ de Aldous Huxley, y, ‘V de Vendetta‘ de Alan Moore. Estas obras cargadas de crítica política y filosofía, poseen entre ellas un caliz visionario sobre el funcionamiento y naturaleza de las sociedades venideras, coincidiendo todas ellas con un futuro distópico.

Por contra a la utopía (proyección optimista humana de un mundo idealizado que se presenta como alternativo al mundo realmente existente e irrealizable desde el momento de su formulación), la distopía se caracteriza por imaginar de forma pesimista un mundo alternativo al que se vive; es decir, con la utopía imaginamos todo lo bueno que podría ser un mundo  y con la distopía proyectamos todo lo malo que podría llegar a ser un mundo, y ya por ello ambas irrealizables fuera de las ideas.  Pero sucede algo con estas posibles imaginaciones, y es que de un lado, tenemos la sensación de estar más cerca de la distopía que podemos estarlo jamás de la utopía, y de otro lado, ambas no son más que transmiones ‘literarias’ explícitas (como meros actos contemplativos) de un malestar implícito, ejerciendo con ello una feroz crítica.

Pasaré a tratar de resumir el espíritu de estas obras y algunas de sus características sin chafar a nadie el placer de conocerlas por él mismo.

‘Un mundo feliz’ fue publicada por primera vez en 1932, cuyo nombre está inspirado en el discurso que hace Miranda en el acto V de ‘La Tempestad de William Shakespeare. La novela de Huxley se anticipa el desarrollo en tecnología reproductiva, cultivos humanos e hipnopedia que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad. El mundo aquí descrito podría ser una utopía, aunque irónica y ambigua: la humanidad es desenfadada, saludable y avanzada tecnológicamente. La guerra y la pobreza han sido erradicadas, y todos son permanentemente felices. Sin embargo, la ironía es que todas estas cosas se han alcanzado tras eliminar muchas otras: la familia, la diversidad cultural, el arte, la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía.*

En la tecnópolis, ciudad de la novela, los ciudadanos deben ser felices siempre para evitar resentirse respecto al poder, para esto se destruye la melancolía, la ira y toda emoción nociva para ese estadio de felicidad perpetua artificial. Para esto se ayuda con una droga a los ciudadanos que les haga sentirse felices, y éstos la usan para todo. Unas vacaciones con soma para mejorar el ánimo y todo resuelto. Huxley muestra una sociedad alienada del pensar, del crear y reafirmarse como uno mismo. El camino de la tecnópolis es que todos sean réplicas de la proyección que el estado quiere que sean, ni libre albedrío, ni la capacidad de escoger, sólo monótonas reproducciones de seres sin inquietud ni libre pensamiento. Hipercontrol, jerarquización social, o acondicionamiento son algunos de los calificativos que nos recuerdan esta obra. La imagen de una sociedad feliz perpetuamente pero completamente totalitaria nos muestra que la felicidad no lo es todo para el ser humano, que existen diferentes formas de que ésta se dé y de cómo se dé.  Acondicionar a las gentes a esa vida artificial donde sólo cabe ser feliz al precio que sea, y engendrar de la felicidad un monstruo indómito que nos engulle y sólo deja los despojos de lo que éramos, nos hace padecer un miedo atroz y la certeza de que no querríamos vivir con él.

La obra de Bradbury fue publicada por primera vez en 1953 como crítica al Macarthismo y semejantes movimientos represivos intelectuales, como la quema de libros nazi. En ‘Fahrenheit 451’ la historia en este caso versa sobre un bombero del que su labor no es apagar incendios sino provocarlos. Los bomberos en esta sociedad deben quemar libros por orden del gobierno, ya que creen que leer hace a la gente distinta, les hace pensar, y aprenden lo que no deben aprender. La trama transcurre con el encuentro del protagonista con una chica que tiene la extraña afición de pensar y hacer pensar a la gente, lo que despertará en él (un mecanismo más parte de ese totalitarismo) su afán por leer y pensar sobre su vida.

En esta obra encontramos una feroz crítica en clave sarcástica sobre la libertad del pensamiento, la manipulación del mismo, su regulación a base de mentiras y otras tretas, o la reperesión de las vidas de sus ciudadanos. Con ello , el autor, Bradbury, quiso hacer hincapié en una práctica habitual de los sistemas totalitarios, dejando un fleco colgando sobre el que plantearse a examen otros sistemas como incluso el actual. La Histora como un cuento explicado al antojo de unos pocos, muy en relación a la concepción histórica de pensadores coetáneos como Walter Benjamin.

La obra de Orwell en primera instancia titulada ‘El último hombre en Europa’ (‘The Last Man in Europe‘ en inglés), fue renombrada, ya que los editores tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, en donde fue lanzado el libro de forma simultánea, cambiaron el nombre a ‘Mil novecientos ochenta y cuatro’ por motivos comerciales. Es en este año donde se lleva a cabo la acción de la novela, donde el autor hizo un juego númerico al cambiar el orden de los dos últimos digítos l año de su creación, 1948. Un año después, en 1949, sería publicada por primera vez

La sociedad decrita en la novela es otro distópico mundo en el que sus habitantes están divididos entre aquellos que viven completamente reprimidos y una masa exagerada de gente pobre que se encuentra al margen de la política, víctimas ambos bandos del totalitarismo que les esclaviza. El protagonista tiene la tarea, dentro del Ministerio de la Verdad, de reescribir la historia al antojo de lo que le digan sus superiores. Los Ministerios que aparecen en 1984 sirven de ejemplpo de cómo es esa sociedad imaginada, y son:

Los ministerios son los siguientes:

  • El Ministerio del Amor (en neolengua Minimor) se ocupa de administrar los castigos y la tortura.
  • El Ministerio de la Paz (Minipax) se encarga de asuntos relacionados con la guerra y se esfuerza para lograr que la contienda sea permanente. Si hay guerra con otros países, el país está en paz consigo mismo. (Hay menos revueltas sociales cuando el odio y el miedo se pueden enfocar hacia fuera, como señala la psicología social).
  • El Ministerio de la Abundancia (Minindancia) encargado de los asuntos relacionados con la economía y de conseguir que la gente viva siempre al borde de la subsistencia mediante un duro racionamiento.
  • El Ministerio de la Verdad (Miniver) se dedica a manipular o destruir los documentos históricos de todo tipo (incluyendo fotografías, libros y periódicos), para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial de la historia, mantenida por el Estado.

Quien está al mando es una especie de Gran Hermano que todo lo ve, todo lo oye y todo lo sabe. Gracias a la sociedad hipercontrolada que se da y a la seguridad extrema, el Gran Hermano suple a todo personaje político: él es el comandante en jefe, el guardián de la sociedad, el dios pagano y el juez supremo. Éste a su vez es la encarnación del partido electo, llamado El Partido. Los cuáles poseen unos ideales a imagen y semjanza de ese totalitarismo expuesto antes.

Los lemas del Partido, de cuya inversión de significado habla Orwell, son:

  • Paz es Guerra: Cuyo significado invertido sería guerra es paz, ya la guerra produce el miedo en los ciudadanos haciendo mucho más difícil se rebelen por temor a la invasión del país enemigo.
  • Libertad es Esclavitud: Invertido sería esclavitud es libertad, pues el esclavo se siente libre al no conocer otra cosa.
  • Ignorancia es Fuerza: Cuya inversión daría como resultado fuerza es ignorancia, debido a que la ignorancia de los “proles” también evita su rebelión contra el partido.

A este partido deben afiliarse todas las personas que pertenecen al ‘Outer party’ (nombre que recibe este grupo en la  novela original, y que sería aprox. el 13% de la población), y la prole (separada del anterior grupo, alrededor de un 85% de la población) se les permite libre pensar porque se considera que su intelecto es tan bajo que no podría pasar nada. Aquellos que quieran libre pensar dentro de la escala social del ‘Outer party’ corren el peligro de ser cogidos por la Policía del Pensamiento, que es el ente que vela para que la gente no piense si no es lo que se les ha dicho que deben pensar. El último grupo social que aparece son aquellos que pertenecen al entramadado del ‘Big Brother’, que son aporox. un 2% de la población (‘Inner party’), y quienes controlan  y deciden lo que hace le resto. La manipulación extrema que refleja Orwell transforma la vida en un automatismo dependiente y esposado a la voluntad del poder.

Por último, ‘V de Vendetta’ escrita ya en la década de los ochenta, exactamente, en 1981, vuelve a resaltar la capacidad de destrucción que posee el poder según su uso. Este cómic escrito por Alan Moore y dibujado por David Lloyd, fue publicado después de muchos intentos fallidos como novela gráfica a finales de la década de los ’80 .

Después de una guerra, Gran Bretaña, el país en que transcurre la historia, es gobernada por un sistema totalitario. Decide aislarse del resto del mundo enviando mensajes a los ciudadanos de que el exterior es hostil y peligroso, sembrando ese miedo exagerado que vuelve a las gentes sumisas y dependientes del poder que las dirige. Con un protagonista a caballo entre el héroe y el antihéroe, la trama versa en las cabilaciones de éste para asestar al poder el gople definitivo y derrocarlo. Consiguiendo así que el poder vuelva a los ciudadanos, que la palabra libertad vuelva a tener sentido, que la gente no tenga miedo, etc. Usando por rostro una máscara de su antecesor Guy Fawkes, el cuál le sirve de inspiración, queriendo como éste último, atentar contra el poder y disoverlo para crear un nuevo sistema político. De la misma manera, querrá acabar con el parlamento inglés.

V de Vendetta‘, como la historia de Fawkes, son el ejemplo para muchos de cómo debe hacerse una revolución. A partir de cuando la masa responde, cómo se llega a la reacción y cómo provocarla. De alguna forma, es como si estuviésemos ante un manual de la Revolución.

El texto de Moore nos muestra como los ideales no pueden encerrarse ni controlarse si uno lucha por ellos. Demuestra que existen partes de nosotros (como esos ideales o los recuerdos) que no tienen porque ser partícipes de nuestra finitud corpórea. La lucha aquí justifica las acciones del protagonista siendo a la vez, villano para algunos, y héroe para otros. Además, con la segunda protagonista, una chica de 16 años huérfana que ha de valerse por sí misma y no se ve capaz (Evey Hammond), V (que así se llama el personaje principal) muestra su lado más humano. Le enseña todo lo que él sabe y la cultiva en la intelectualidad y los valores. Ya que de eso se trata, de recuperar o implantar los valores que le den a las personas lo que se les debe y le han quitado ese sistema fascista. El tema principal de la historia es la batalla convulsiva entre la ‘anarquía’ y el fascismo, además de una crítica total a la sociedad de control y al Estado de bienestar.

Las cuatro obras que trato gozaron de un reconocimiento notorio, que provocó intentos de llevarlas a la gran pantalla con mayor y menor éxito en algunas de ellas. Las cuatro pretenden darnos un mensaje unitario: el totalitarismo es represión y dolor, y sólo un cambio drástico puede transformar la sociedad.

Conclusión:

  • Los sistemas que gobiernan deben estar hechos para y hacia las personas.
  • La gente es la parte implicada y esencial del funcionamiento de una sociedad, cosa que no puede despreciar el poder.
  • Toda personas necesita estar relacionda y predispuesta a participar de su gobierno y no sufrir impedimentos para ello.
  • El control y la seguridad deben garantizarse en cierta medida, pero nunca ser el pretexto para acortar los derechos básicos de cualquier persona.
  • El poder debe estar igualmente regulado que lo está la gente.
  • La diferenciación negativa atenta contra la integridad de una sociedad.
  • Un sistema totalitario no puede ser el gobierno de un pueblo.
  • El libre pensamiento debe darse sin condiciones ni trabas.

Y una larga lista de etcéteras que podría seguir escribiendo.

En 1960, Aldous Huxley publicó ‘Nueva visita a un mundo feliz’. Dijo entonces que muchas de sus imaginadas truculencias de Un mundo feliz (1931) se convertían en penosas realidades con una rapidez que no había podido soñar.

Como decía, la diferencia entre distopía y utopía es que la primera aunque debiera ser irrealizable parece que la estemos viviendo por momentos. Más cerca cada día a estos ejemplos horripilantes, y con más sensaciones que nos hacen recordar estas historias. Parece mentira que si somos capaces de imaginar un mundo lo peor posible, seamos partícipes directa o indirectamente de que ese desenlace se este dando.

Por ejemplo, noticias como esta de 2008:”El Reino Unido hará una base de datos de todos los emails, mensajes y demás informacíón de los ciudadanos por seguridad“; ponen en alerta el papel de la seguridad al acotar la libertad personal. La relación seguridad-libertad, pensar-consumir, etc. ponen de manifiesto la trampas que esconde un sistema que aún llamándose democrático o fascista, siempre parte de la premisa del control absoluto.

Hoy en un mundo democratizado, aparentemente, consentimos normas o conductas que nos han sido expuestas como adelantos o mejoras, pero que examinadas desde otra postura encontramos que guardan un peligro contra nuestros derechos y la naturaleza libre de los seres.

La sociedades impregnadas de connotaciones culturales impuestas, con un sinfín de clichés que condicionan nuestro comportamiento, son de forma implícita muy parecidas a estas sociedades totalitarias. Aunque a simple vista estemos en sistemas políticos mejores que antaño u otros casos, coinciden tanto los creadores de estas obras como muchos otros pensadores o intelectuales, en que no hay tantas diferencias entre estos mundos distópicos y la actual realidad.

La única diferencia es que el poder ha aprendido a hacernos pasar por el aro de formas más sutiles, sin tanta floritura ni explicitud pero igualmente efectivo.

_________________________

* Extracto de la sinopsis de la novela extraído de Wikipedia.

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5 comentarios leave one →
  1. junio 1, 2011 11:45 am

    Estoy leyendo 1984 y hay momentos que tengo ganas de parar al ver como se parecen algunas cosas a la actualidad (tal como me pasó con un mundo feliz)…

    La diferencia con la actualidad es que nos hacen creer que somos libres de pensar libremente, aunque ya se ha visto que cuando molestamos la represión se hace necesaria o el ofrecer espacios como ha hecho el ayuntamiento de L’H con tal de disgregar el movimento. Nos hacen creer que tenemos libertad, aunque en realidad eso es una cortina de humo, tal como pasa en la novela de Huxley.

    • junio 1, 2011 3:53 pm

      ¡Por ahí van los tiros!

      No te equivocas, ‘la libertad es una palabra que significa algo que no existe’.

      Un saludo!

  2. junio 1, 2011 7:03 pm

    Estupendo artículo. He leído las cuatro obras que citas e incluso sus versiones cinematográficas. Una de ellas es una falsa utopía y las otras tres son claras distopías, termino este que no conocía. Yo titularía el artículo al revés, es decir, ” De la Revolución al Totalitarismo” porque son las revoluciones las que suelen evolucionar a regímenes totalitarios, pero no al revés ya que estos regímenes por su evidente carácter represivo, impiden las revoluciones posteriores. Las revoluciones suelen ser utópicas y violentas, pero dicha violencia no tiende inicialmente a reprimir las libertades del pueblo sino a suprimir a las élites dominantes y minoritarias (nobleza francesa y rusa, por ejemplo). Lo que estamos viviendo no es siquiera el comienzo de una revolución aunque sí tiene el componente de múltiples ideas, unas pragmáticas y realizable y otras claramente utópicas.

    • junio 1, 2011 8:48 pm

      Muy interesante esto de cambiar el orden de los factores del título, pero tengo una duda por lo que dices: ¿cuando cae un totalitarismo (ej. la Alemania Nazi), aunque sea violentamente, no es producido por un movimiento que se ‘revoluciona‘ contra el existente? En post me refiero a que este es el único camino hacia el cambio de sistema imperante. Sin revolución no hay cambio. Hoy se está dando algo importantísimo pero bajo mi punto de vista no podemos llamarlo revolución, y si sigue dándose de esta manera, deberíamos empezar a pensar un nombre para llamar a este movimiento político-intelectual, pero que no fuese revolución, porque ese término implica algunas cosas que en este caso actual no se están dando.

      Ya te echábamos de menos Lope, ¡un gusto tenerte por aquí!

      Un grato saludo!

  3. junio 5, 2011 10:59 am

    Gracias por acoger tan amablemente mis comentarios. Parece que nuestras diferencias de criterio radican en la distinta forma de asumir el término “revolución”. Tu la entiendes más en sentido amplio y filosófico, como “gran cambio”. En ese sentido, la caída del régimen totalitario nazi y sus sustitución por el régimen democrático fue un cambio revolucionario. También se podría considerar nuestra “Transición” como una revolución desde la dictadura franquista, ahora llamada benignamente “autoritaria, a la democracia actual.
    Yo entiendo “revolución” en un sentido histórico-político, mas restringido en significado. La sublevación de un sector de la sociedad contra el sistema político establecido. En este sentido, para mí, la caída del régimen nazi no fue una revolución sino sólo un cambio de régimen político impuesto por las potencias aliadas vencedoras de la guerra.
    Bueno, estas diferencias de criterio no afectan a lo fundamental, y es que estoy de acuerdo contigo en que el movimiento 15M no es una revolución.
    Saludos.

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