Skip to content

Energía nuclear, ¿el cáncer de la humanidad?

abril 26, 2011

La idea de este planteamiento sobre la energía nuclear y sus consecuencias me lleva a estructurarlo en tres apartados básicos: a) ¿Cómo y por qué llegamos a la energía nuclear?; b) ¿Qué nos hace depender de ella?; y por último; c) Crisis, controversias y soluciones. A partir de esta estructura pretendo abordar este tema que hoy por desgracia ha vuelto a hacernos replantearnos su uso y su excesivo precio ecológico como energía de consumo.

A modo de introducción destacar que la energía nuclear es aquella que se libera esponánea o artificialmente con la fusión o fisión del núcleo de un átomo dando lugar a energía térmica, eléctrica o mecánica según el caso, ya que cada  central está construida buscando unos fines concretos, y éstas pueden son diferentes unas de otras (1). Pero además de dichas energías este proceso provoca grandes dosis de peligrosa radioactividad. Se dan tres tipos de radioactividad a las cuales se les llama con las siglas α, β, y γ. La energía que se desprende de este proceso es enorme y tan valiosa para el ser humano como su ansias de necesidades energéticas. Siempre se había considerado que la energía desprendida en las armas nucleares era descontrolada, y por contra, la que se obtenía en las centrales nucleares era controlada; pero parece que el hombre todavía no es capaz de manipularla a su antojo, y menos aún, gozar de cierta inmunidad ante sus posibles fallos.

(1) Estas reacciones se dan en los núcleos de algunos isótopos de ciertos elementos químicos, siendo la más conocida la fisión del uranio-235 (235U), con la que funcionan los reactores nucleares, y la más habitual en la naturaleza, en el interior de las estrellas, fusión del par deuteriotritio (2H-3H).*

Desde siempre el ser humano ha jugado a ser Dios, y el caso de la energía nuclear es un ejemplo claro.

a) ¿Cómo y por qué llegamos a la energía nuclear?

El progreso tecnológico toca el techo energético con la explosión de la energía nuclear, hasta lo que hoy conocemos. La maquinaria y tecnología utilizada durante la historia fue cada vez necesitando fuentes energéticas más poderosas. El consumo se volvía mayor que la producción. Esto nos hizo migrar de fuente constantemente hasta la llegada del petróleo, los gases, la electricidad moderna, y la posterior energía nuclear. La necesidad de combustibles cada vez más potentes unido a la necesidad de abastacer cada vez un mayor número de maquinarias, nos ha hecho depender absolutamente de estos alimentos energéticos.

De la energía térmica pasamos a la eléctrica, para llegar por último a la nuclear. Este proceso es la búsqueda incansable del ser humano de reducir su gasto energético (energía animal) y aprovechar al máximo la energía que el planeta le brindaba como sustituta de la suya propia. Pero no siempre de una forma natural, ya que al alcanzar los logros de la energía eléctrica comenzamos a manipular la energía natural a nuestro parecer. Es decir, no aprovechamos la energía que se desprende libre sino que aprendemos a manejarla y crearla artificialmente, lo que nos lleva a alterar el curso natural de que éstas se den. Con la energía térmica los humos desprendidos eran nocivos, pero escasos; con la electricidad parecía no haber inconvenientes salvo accidentes aislados, aunque hoy comenzamos a descubrir los efectos perjudiciales de ésta. Y llegados a la energía nuclear, nos damos cuenta del poder destructivo y devastador que ésta puede alacanzar sin que seamos capaces de quedar al margen, o incluso, de que el planeta no lo sufra.

b) ¿Qué nos hace depender de ella?

El consumo energético. Hoy no podemos volver atrás 500 años para vivir sin estas energías en las que en su potencia aguarda un semejante mortífero poder destructivo. No imaginamos un retorno a una arcaica, para nosotros, edad media. No podemos pensar en ese atraso cuando toda nuestra infraestructura depende absolutamente de estos combustibles que mueven toda la maquinaria que hemos creado, desde la iluminación de las calles y los hogares, hasta la electricidad de hace funcionar las máquinas de un hospital. Toda esta energía llega hoy a estos constructos de la técnica gracias al desarrollo científico que el ser humano a creado; y sin ellos no sabríamos afrontar una vida completamente dependiente de éstos. La construcción de las sociedades en las que hoy vivimos, no serían tales sin estas energías que dan vida al metal transformado por el hombre. Hoy, una ciudad es tal por estos mecanismos, sin ellos no le llamaríamos, seguramente, ciudad.

Precisamente, hoy las centrales nucleares proveen de energía a ciudades enteras. Algunos países, como Japón, dependen casi exclusivamente de estas centrales para abastecer sus necesidades de consumo energético. Por ello, hoy forman parte del paisaje de muchos países, donde podemos observarlas a ciertos kilómetros de las grandes ciudades. Son necesarias para la vida diaria de esas ciudades pero un fallo de éstas puede acarrear graves consecuencias en la naturaleza y la salud de quienes se encuentren cerca. El diámetro de acción de un posible escape radioactivo y su pertinente nube tóxica es de más de 30 km de radio, pero sus efectos pueden extenderse más de mil de kilómetros.

Hoy esta energía forma parte de nuestras vidas, moviliza el amasijo de maquinarias que hacen funcionar una ciudad, una sociedad, pero lleva consigo la cara más cruda del miedo y de la muerte. Los efectos nocivos para la naturaleza después de un escape como el comentado pueden conllevar graves consecuencias al desarrollo de su entorno durante miles de años.

c) Crisis, controversias y posibles soluciones.

¿Es necesaria la energía nuclear para el desarrollo de una ciudad actual?

Tal y como están construidas las redes energéticas de una de estas ciudades parece imposible pensarlas sin la ayuda nuclear. Pero esto se debe al consumo masivo de una sociedad encaminada hacia la quietud de la comodidad y el bienestar, donde un aparato eléctrico es mejor opción que un gesto. Habiéndonos vuelto gracias al sistema en que vivimos en seres que  prologan de su existencia a base de adelantos técnicos, que en muchos casos, su necesidad queda anulada por su utilidad respecto únicamente a la comodidad y el bienestar.

Por ello, ¿deberíamos renunciar a parte de este constructo basado en darnos dicha comodidad y bienestar? Mientras el funcionamiento de la administración de la energía sea el actual, debiéramos platearnos si a título particular tendríamos que mover ficha. Pero queda claro que vivir esposados al consumo energético, puede transformarse en nuestra propia tumba.

¿Conocemos y dominamos realmente esta energía?

Acontecimientos como los de Chernóbil o  Fukushima, demuestran que tal vez aún no estemos preparados para utilizarla de forma fiable o debamos ser consecuentes en que el uso de esta energía conlleva estas desastrosas repercusiones, lo que nos lleva a platearnos si vale la pena ese precio a pagar (destrucción natural). Este castigo nuclear es excesivo para dar rienda suelta al afán de bienestar y dominación que el ser humano ha procurado sobre el planeta. Esa forma de vivir explotando al máximo el presente no deja cabida a plantear el futuro, ni siquiera al más inmediato.

25 años después de la hecatombe de Chernóbil hoy sigue siendo irrespirable el aire de la ciudad. Viven en ella pocas personas, y todas angustiadas de por vida por ese monstruo invisible que ha mermado una población a un escaso 10% de la que era. Muchos huyeron, algunos en el momento del desastre, otros pasados los años, pero el peligro sigue allí. Aún no sabemos como arreglarlo, todavía empresas de medio mundo estudian como sacar de allí los restos radioactivos que aún quedan. Un armazón construido por los llamados ‘liquidadores’ tapia el agujero que dejó el estallido del reactor 4 de la central ucraniana. De estos héroes murieron miles por la radiación sufrida durante los trabajos. Aún hoy encontramos casos de cánceres de cientos de tipos distitntos que sacuden a las gentes que lo vivieron más cerca. Malformaciones, cánceres, enfermedades hereditarias de distintos tipos, etc., es la larga lista de secuelas que deberan soportar directamente las gentes más cercanas a las hecatombes, pero aún hoy siguen apareciendo síntomas cada vez más lejos de estos lugares. Incluso el coste social del desastre de Chernóbil lo estamos pagando aún, y quien sabe si también se pagará en Fukushima. Quiero decir con esto que la etiquetación, como sucedía con los leprosos en la edad media, de las personas de Chernóbil por el resto de ciudades colindantes les hace muy difícil encontrar un trabajo, amigos, o  hacer simplemente, una vida ‘normal‘.

Para ellos nada será igual nunca más, para ellos nadie les volverá mirar como antes, para ellos sólo les ha quedado sufrimiento en forma de radioactividad en su cuerpo y el miedo a ésta por los demás.

Este recuerdo agita Japón por su grave presente en Fukushima, lo que  ha generado una psicosis que ha hecho que se acaben los aparatos de medición de radiación, inservibles ante los efectos de esa nube transparente pese a poder detectarla.

En estos tiempos de egocentrismos y diferenciación el filósofo estadounidense Michael J. Sandel nos habla de que las crisis hacen crecer la injusticia, acorde a este formato sociocultural en el que vivimos.  Como solución plantea que la conciencia colectiva ayudaría a una reducción masiva del consumo energético que necesitamos hoy en día para el funcionamiento global de la tecnología y el bienestar ya aposentados en nuestras vidas. Cito: “Si hubiera mayor conciencia del bien común, la ciudadanía tendría más fuerza para exigir soluciones justas a estas crisis.” Pero se nos mantiene al margen de las decisiones que pueden cambiar el rumbo de la historia, como el caso de la energía nuclear y la voz popular que no la quiere en sius vidas.

Por esto, seguiremos el curso de aquellos pocos que deciden por nosotros imponernos estos peligros por unmos beneficios que tampoco decidimos tener. Sí, las sociedades actuales en muchos casos dependen de esta energía, pero hemos sido nosotros, cada uno, los que hemos provocado que con nuestro consumo masivo energético seamos hoy dependientes de ellas. Lo que no quiere decir, que no podamos consumir mucho menos y devolver al planeta el mando de la energía que quiera prestarnos para realizarnos, dejando de esta manera la energía nuclear aparcada hasta un futuro en el que seamos capaces de controlarla de verdad.

_____________________

* Extracto de la Enciclopedia Multimedia Wikipedia.

Anuncios
One Comment leave one →
  1. marzo 28, 2012 6:43 pm

    creo que es un problema serio pero como dice mi profesor este humanidad no va cambiar hasta que pase algo fuerte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: