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Fobias

abril 9, 2011

Una fobia [palabra derivada de Fobos (en griego antiguo Φόϐος, ‘pánico’), que era la personificación del miedo en la mitología griega, hijo de Ares y Afrodita] es un trastorno de salud emocional que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado ante objetos o situaciones concretas[1] como, por ejemplo, a los insectos (entomofobia) o a los lugares cerrados (claustrofobia). También se suele catalogar como fobia un sentimiento de odio o rechazo hacia algo que, si bien no es un trastorno de salud emocional, sí genera muchos problemas emocionales, sociales y políticos (véase xenofobia, es decir, el odio a los extranjeros o extraños).*

Las fobias son un trastorno psicológico que tiene una amplia incidencia en la población mundial. Se cree que una de cada veinte personas, aproximadamente, padece una fobia de uno u otro tipo. Un dato que demuestra nuestra problemática relación con el miedo.

Pero, ¿en qué consisten dichas fobias? El manual de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV) las define como un “temor acusado y persistente que es excesivo o irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos”. Una persona fóbica siente un miedo exagerado y sin sustento real ante determinadas situaciones u objetos, y en ocasiones esto puede incluso provocarle malestar físico: temblores incontrolables, mareos, sudoración excesiva, palpitaciones, etc. En los casos más extremos, pueden llegar a producirse ataques de pánico.

¿Por qué este miedo desmesurado? ¿Hace siglos no se padecían fobias, y si las habían, cómo se combatían?

Hemos de tener en cuenta que la psicología (como su hermana la psiquiatría) tienen, dentro del panorama científico, una corta existencia. Tan sólo, no hace más de dos siglos que esta disciplina aparece en el mundo, siendo  ésta precoz aunque exageradamente valiente en su aplicación en nuesta vida diaria. ¿Por qué digo esto? Pues porque la psioclogía se ha dado mucha prisa en catalogar y clasificar toda expresión de comportamiento que no es capaz de meter en la maleta de lo común, de la conducta que tacharíamos como ‘normal’. Pero sin primero plantearse ese término, es decir, sin primero analizar exhaustivamente que entendemos por normal.

Si vemos la definición de enfermedad mental: “Concepto enmarcado en la psiquiatría y medicina, es una alteración de los procesos cognitivos y afectivos del desarrollo, considerado como anormal con respecto al grupo social de referencia del cual proviene el individuo. Se encuentra alterado el razonamiento, el comportamiento, la facultad de reconocer la realidad o de adaptarse a las condiciones de la vida.”; observamos que la etiqueta de anormal va unida a la de enfermo. Pero esto es algo de lo que no estoy seguro sea una analogía de conceptos sinónimos.

Si atendemos a la definición de enfermedad: “La enfermedad es un proceso y el estatus consecuente de afección de un ser vivo, caracterizado por una alteración de su estado ontológico de salud. El estado o proceso de enfermedad puede ser provocado por diversos factores, tanto intrínsecos como extrínsecos al organismo enfermo: estos factores se denominan noxas (del griego nósos: «enfermedad», «afección de la salud»).”*

Existe entonces una marcada relación entre enfermedad y normalidad. En el cuerpo se dan afecciones que alteren su ‘normal’ funcionamiento, pero es también normal, que surjan tales afecciones. De alguna manera, la salud no tendría sentido sin la enfermedad, es decir, el carácter curativo se da por el deterioro del cuerpo, la salud se da como contraposición a lo enfermo. Desde que nacemos prácticamente nunca estamos fuera del alcance de estas afecciones, ya que por pequeñas que sean éstas hacen funcionar a una parte importante del funcionamiento de nuestro cuerpo. Tenemos muchas de estas afecciones sin tan siquiera darnos cuenta de ellas, e incluso algunas, ya forman parte de nuestra fisiología y son necesarias para el propio funcionamiento de nuestro cuerpo. Algo que debería hacernos reflexionar sobre como conceptualizamos la enfermedady la facilidad con que etiquetamos, sobretodo, en los casos mentales.

Por lo que se refiere a las fobias, estamos ante una patología basada en el sentimiento del miedo. El miedo ha existido durante toda la historia del ser humano, y hemos convivido con él siempre. En algunos casos apaliándolo, y en otros esquivándolo, pero siempre estrechamente relacionados a él por nuestra concepción de seres finitos y endebles. A medida que el tiempo ha transcurrido han surgido infinitos testimonios que acrecentarían dicho estado emocional. Pero nunca hemos tenido tanto miedo como hoy. Veamos sino las distintas fobias que la psicología reconoce:

Es decir, somos más proclives a ese miedo a partir de que el ser humano haya alimentado su formación a partir de la cultura. Guerras de las cuales vemos sus efectos directos; creaciones monstruosas en ocasiones ficción, en otras reales; inseguridades fomentadas por los valores del mundo en que vivimos; debilidades inculcadas sin ninguna justificación… todo constructos humanos. El peligro instintivo puede paralizarnos (como al ratón que se le da de merienda la serpiente en su terrario), y en otras nos lleva a reaccionar para procurar la acción que lo contrarreste (como la huída de una presa ante su cazador). Pero si analizamos las fobias más comunes, veremos que todas están basadas en algo que poco tiene que ver con nuestra naturaleza, incluso con peligros reales para nuestra salud. Sino que por el contrario son una proyección de efectos culturales que los humanos hemos retroalimentado a partir de fomentar algo equívoco, una debilidad hacia algo que no deberíamos tener. De aquí se extrae que sea un comportamiento inapropiado para dichas situaciones, y por ende se etiqueta como anormal. Pero antes de etiquetar todas estas formas de reaccionar ante ciertos estímulos externos (en su mayoría), deberíamos plantearnos de donde han venido, y si su origen viene de la propia cultura y sus constructos, pensar que tal vez sea un problema provocado.

Si el miedo ha servido siempre para controlar a las gentes (tengamos en cuenta que ha sido la herramienta con la que los gobiernos, estados, etc., han controlado siempre al pueblo), para infundir en ellas la sumisión, y por otro lado, tenemos tendencia a desarrollarlo de una forma exagerada; tal vez, la forma de contextualizarlos deba ser acorde a esto. Por ejemplo, si un obrero desarrollase un pánico desmedido hacia su capataz, esto sería un comportamiento anormal del primero a partir de que el segundo se lo fomentase. Por lo tanto, la culpa no es de que el obrero padezca ese miedo sino de aquello que se lo inculca.

Hoy tratamos a las personas con fobias como los causantes o responsables de las mismas, pero recordemos que este estado emocional es provocado por agentes externos que poco tienen que ver con la persona particular.

Además, la psicología necesita el sustento de la infinidad de estados anormales para tener ‘qué hacer’, pero estos estados anormales lo son en un contexto concreto. Lo que aquí puede parecernos un comportamiento anormal, en otro contexto, circunstancia o cultura puede no serlo; por lo que decir que esa persona aquí está enferma y en otro lugar no lo estaría, sería algo erróneo. La unificación de criterios de la psicología para que esto no suceda es básica, pero aún con ella tenemos ejemplos de casos en los que no existe dicha unificación, y no son sólo casos, sino personas diagnosticadas y etiquetadas para el resto de su vida.

Las fobias son el ejemplo claro, de cómo pagamos la mayoría el hacer de una minoría. Son el ejemplo de la racionalidad que quiere controlarlo todo, son el ejemplo de seguir una normalidad que no hemos decidido, son el ejemplo de lo débiles que nos han hecho creer que somos, son el ejemplo del miedo que podemos sentir hacia cualquier cosa, y no por su peligrosidad sino por algo que nos ha hecho creer en el potencial terrorífico de ello sin que ésto lo tenga.

No tengamos miedo, ya que incluso la muerte es algo común a la vida. No tengamos más miedo, ya que es aquello que evita que seamos lo que verdaderamente somos. Sólo nacer y vivir es el acto más valiente de nuestra existencia.

 

Este es un tema que daría mucho de sí, y soy consciente que esto sólo sería una aproximación a este fenómeno cada día más extendido.  Espero poder seguir desarrollándolo en nuevas ocasiones.

 

___________________________________

* Extractos pertenecientes a las entradas ‘Fobia‘ y ‘Enfermedad‘ de Wikipedia.

 

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2 comentarios leave one →
  1. abril 11, 2011 5:33 pm

    En mi opinión, este post está demasiado pensado desde Foucault. Es más, creo que está demasiado poco pensado desde la psicología del siglo XXI.

    • abril 12, 2011 10:57 am

      Tal vez, sea que se trate de una crítica a la psicología del S.XXI, veo que casi aciertas. Como digo en el post, la forma en que la psicología está diagnosticando patologías creo merece un juicio más extensivo y flexible. No podemos practicar con algo inestable con efectos directos sobre las personas.

      Además, la expresión ‘demasiado poco pensado’ me parece inapropiada para decir que estás a favor de aquello que crítico.

      Un saludo (y espero haber aportado un poco de luz a tus tinieblas… jajaja!)

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