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Desde el balcón

marzo 30, 2011

Hay espacios en la ciudad donde se puede observar sin ser observado, lo que es una gran ventaja si quieres ver al ser humano ciudadano en acción. Uno de estos lugares podría ser un simple banco en una plaza cualquiera, otro aún mejor sería un simple balcón con vistas a una calle transitada.

Cada mañana, si no hay trabajo que hacer, salgo al balcón con taza en mano, cigarrillo en otra y portátil en una mesita. Mientras miro el mail, las páginas webs y foros diversos, observo a las personas que caminan por la calle. Aunque parezca una tontería, no hace falta mirar noticias ni leer estadísticas para hacer un buen análisis de cómo está la sociedad. Un simple paseo permite ver los cambios en los comercios, los cambios en las personas, los paseantes.

Una de las primeras modificaciones que he ido viendo con el paso de los años es, sin duda, el aumento de gente entre los 20 y los 50 años yendo por las mañanas de arriba a bajo con papeles en mano , embriagados de alcohol barato por las tardes-noche. Este fue el primer síntoma de que algo estaba pasando con las clases trabajadoras. Era el inicio del paro creciente.

Pero eso es algo que todos sabemos y hay sobresaturación informativa acerca del tema. No es algo nuevo. Discernir sobre este tema sería como hablar de por qué el cielo es azul. Lo que sí que es más nuevo, más preocupante y menos conocido es la aparición en masa de un especimen callejero que antes pasaba desapercibido por su poca presencia: los chatarreros.

Hace cosa de dos meses, en TV3 salió la noticia de que habían aparecido nuevos chaterreros motorizados. Pero se olvidaron de un sector que ha crecido mucho: los que van a pié. En una sola mañana se llegan a ver hasta cinco grupos de chaterreros con sus carros yendo de lado a lado de la calle en busca de cualquier cosa que puedan vender o hasta en busca de algo para poder comer ¿Y cuál es el problema? ¿Qué puede significar esto?

El principal problema llega cuando dos grupos se encuentran. La discusión está servida. El otro problema es que si bien antes se dedicaba a esto un disminiudo grupo social, ahora ves a gente de todas las edades y de todas las formas. Desde inmigrantes, gitanos o vagabundos hasta personas mayores o en edad de trabajar que se han quedado en el paro. Personas que antes vivían con un trabajo más o menos digno, se ven obligadas a rebajarse hacia aquello que antes miraban con mala cara. La sensación que una jubilada debe experimentar al verse removiendo la basura con tal de poder encontrar siquiera algo de ropa puede ser indescriptible, aunque “vergüenza” es la primera palabra que me viene a la cabeza. El aumento de personas removiendo la basura de aquellos que aún tienen la suerte de consumir, muestra una degradación de la sociedad.

El análisis de todo esto nos debería llevar a pensar si las cosas se están haciendo del todo bien, si el sistema realmente funcionaba antes de la crisis. Esto quiere decir que durante la época de bonanza económica se nos insistía en consumir sin parar, en hipotecar nuestras casas al ver que pagando una hipoteca pagabas menos que alquilando un piso, impediendo la mobilidad de las personas, que al quebrar todo, se han visto arrojadas a la calle con tal de poder pagar a los bancos lo que deben. Parece mentira que personas que deberían estar viviendo de la pensión que merecían tras años trabajando, se vean sin dinero para poder comer y luchando para sobrevivir contra la creciente masa de chatarreros.

Todo esto puede parecer demagógico, ¿Lo es?

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