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El Caso Belga

febrero 9, 2011

Bélgica, aquel país casi desconocido donde sólo sabemos que fabrica chocolate, que tiene buenas cervezas, que tiene como más conocido la estatua de un niño orinando y que tiene el parlamento europeo, lleva más de siete meses sin gobierno y parece que no tiene fin.

El perfil político de Bélgica se podría, salvando mucho las distancias, comparar al del estado Español. La realidad que ha llevado a la crisis es la siguiente: Hay un país dividido por dos lenguas y culturas diferentes, los valones y los flamencos. Los valones son los habitantes del sur, antiguamente, y gracias a la indústria del carbón, la zona más rica, de habla francesa y que quieren evitar ante todo la separación de Bélgica. Por el otro lado están los flamencos, en la zona norte, actualmente la zona más rica y la que cuenta con parajes turísticos importantes (Antwerpen, Brugges, Gent) y una de las ciudades universitarias más importantes del país, Leuven. Éstos son los que piden la independéncia del, ahora, pobre sur.

Y ante este panorama hubo elecciones en el gobierno con el resultado completamente partido entre los valones y los flamencos, impediendo cualquier pacto posible entre las fuerzas políticas. El rey Alberto II ha puesto varios mediadores que han tenido que abandonar esta difícil empresa. El diálogo se ha roto tantas veces que parece que nadie quiera ponerse en medio. Siete meses sin gobierno estable es mucho tiempo para toda una nación que tiene en su capital el centro político de la Unión Europea. Y es ese centro el gran problema.

Tal como si fuera un divorcio, ni unos ni otros quieren renunciar ante la posible independencia de la zona flamenca al control de la gran capital de la burocracia en el mundo: Bruselas. Bruselas está en medio del territorio flamenco, pero es de mayoría valona, y sus habitantes están a favor de mantener la unión del estado. Es una discusión sin mediador posible…

Y tras meses de desgobierno, al fin, los belgas, ese pueblo que se caracteriza por ser completamente soso e incapaz de moverse por nada, salió a la calle a quejarse ante la situación vergonzosa. Entre otras cosas, han llegado a proponer una huelga de sexo o de no afeitarse hasta que salga un gobierno estable ¿Nos planteamos algo similar para reclamar que la jubilación a los 67 no beneficia al pueblo?

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2 comentarios leave one →
  1. Lope de Sosa permalink
    febrero 10, 2011 7:11 pm

    Llevas razón en tu primera frase. Hay que salvar muchas distancias para comparar el problema español y el belga. Aquí tenemos al menos cuatro identidades culturales diferentes, podemos hablar de multicultualidad dentro de un Estado que va para cinco siglos de existencia. Bélgica es en cambio pura bipolaridad o biculturalidad de dos pueblos que sólo llevan unidos en un Estado desde 1830, menos de dos siglos.
    Has analizado bien las razones económicas diferenciales. En cuanto a las culturales, no es sólo el idioma (francés de los valones y neerlandés de los flamencos). Yo he estado allí y es algo más. Aquello es la frontera que trazó Cesar entre galos y germanos. Los valones son de cultura latina, abiertos extrovertidos y todas esos tópicos. Los flamencos son como los alemanes y los holandeses, germanos, serios y laboriosos. También la religión, católicos unos y protestantes otros. En la parte valona hay negros de las colonias y magrebies, en Frandes muy pocos (mas racistas). Hasta tal punto llega la cosa de que el rey Alberto se denomina oficialmente como “rey de los belgas” no rey de Bégica.
    A pesar de que Bruselas está considerada capital común, la nación se viene manteniendo unida gracias a un delicado equilibrio entre las dos comunidades a nivel político, judicial y administrativo, hasta el extremo que a veces llegan a duplicidades ridículas. El equilibrio es frágil y difícil, y en la actulidad parece muy amenazado. Yo creo que la salvación de Bélgica está en Bruselas. Al país le interesa, a pesar de todo, permanecer unido en tanto que su capital siga siendo la capital administrativa de Europa.

  2. octubre 15, 2012 8:14 pm

    Acabo de llegar de Gent, donde he pasado una semana, España y Bélgica no se parecen absolutamente en nada, por fortuna, y la nación no es tal, es un territorio depauperado, sin servicios publicos visibles, sin identidad, sin idiosincrasia, no hay sensación de pertenencia a proyecto alguno, no hay símbolos no banderas de los que sentirse orgullosos. La carreteras parecen propias de Rumanía o Bulgaria, el bosque se est´za metiendo en el asfalto, no hay conservación de carreteras (limpieza, mantenimiento, señalización)y la iluminación general es muy deficiente. El aeropuerto de Charleroi es decrépito, pequeño incómodo y mal señalizado. Bélgica no existe como nación.

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