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¿Qué es el inconsciente?

enero 27, 2011

La evolución humana, durante millones de años, deja en el aire muchas cuestiones que a lo sumo podemos hipotetizar, no obstante hay una cosa muy clara y es que nuestra naturaleza consciente emerge de nuestra naturaleza inconsciente. La propia estructura del sistema nervioso, en particular, del encéfalo, refleja una evolución que innova y mejora pero que mantiene, a modo de estratos, aquellos mecanismos que funcionaron exitosamente. Y es lo que ocurre, por ejemplo, con el sistema límbico, responsable del control emocional de respuesta a sensaciones tan básicas como el hambre, el placer, la ira, el miedo, etc. La vida en sociedad hizo imprescindible tal sistema. Y es sólo un ejemplo. Con el transcurso de los cientos de miles de años, el desarrollo de la corteza cerebral permitiría el desarrollo de nuestra capacidad más imprescindible: la consciencia.

Lo que en este post intentaré explicar brevemente será la relación existente entre conciencia e inconsciente, centrándome sobretodo en el último.

El tema del inconsciente lo abordaré desde las últimas investigaciones omitiendo así lo que Freud o Jung descubrieron sobre él. Aunque la perspectiva jungiana podría complementarse con lo que explicaré, pues su principal propuesta teórica hace hincapié en el propio código simbólico del inconsciente, voy a optar por recoger aquella información que haya podido ser contrastada mediante métodos fiables.[1]

¿Qué es la conciencia? La conciencia es una innovación relativamente reciente cuyo funcionamiento todavía estamos tanteando en la vida cotidiana. No es de extrañar que actualmente vivamos en un mundo donde impere la parte animal del ser humano sobre su parte, digamos, más civilizada.

La conciencia nos proporciona la dimensión subjetiva, aquella dimensión que nos permite decir que vemos una noche estrellada. Ya no sólo vemos la noche sino que focalizamos la atención en ella y así podemos ser tremendamente eficientes en nuestra relación con ella (por ejemplo, mediante la astronomía). La consciencia selecciona una parcela relativamente pequeña de elementos y puede procesarla exitosamente mediante el pensamiento, la memoria, la percepción, el aprendizaje, etc. Otra de las utilidades de la consciencia es que nos permite, en palabras de John A. Bargh “viajar en el tiempo[2]. Es decir, podemos retornar al pasado y repensarlo al igual que podemos preveer el futuro y organizarnos según nuestras expectativas. De esta forma la conciencia nos ha agrandado el horizonte temporal, nos ha liberado, en cierta manera, del instante.  No obstante, como veremos, esto sería absolutamente así de no existir el inconsciente.

El consciente tiene otra gran ventaja adaptativa y es su gran flexibilidad para adaptarse a situaciones nuevas. Esto se debe a que podemos entenderla como el centro de mando de nuestros actos, como un “sistema de control que permite la actuación e inhibición selectivas, anticipar, simular y planificar mentalmente[3]

Neurológicamente, la consciencia implica la participación global de las neuronas. Sobretodo es fundamental que en los diferentes procesos psicológicos esté involucrada la corteza superior cerebral. Cuando esto no es así es cuando hablamos de inconsciente, es decir, de información procesada sin toma de conciencia pero con repercusión conductual.

Hasta hace poco se suponía que éramos conscientes de productos de procesos como la percepción, el aprendizaje, la memoria o el pensamiento (el llamado supuesto de correspondencia), no obstante, a la luz de determinadas investigaciones, no sólo no somos conscientes de gran parte de los procesos sino que en muchos casos tampoco del producto. Esto supone, en mi opinión, toda una revolución y cuyas consecuencias epistemológicas estamos explorando en este trabajo.

La experimentación que se ha llevado a cabo sobre el inconsciente suele basarse en el paradigma de disociación y que consiste en la diferencia constatada entre el procesamiento de información (operativizado, por ejemplo, mediante registros neuropsicológicos) y el procesamiento de información consciente y que el individuo especifica directamente. Así pues, se considera que ha habido cognición inconsciente cuando se ha procesado información que el individuo no ha podido especificar. Este paradigma, materializado sobretodo a partir del efecto priming[4], es utilizado sobretodo en el estudio de la percepción y la memoria inconsciente, no obstante, en el caso del estudio del aprendizaje y el pensamiento inconsciente la cuestión se complica[5].

Como es de esperar, las técnicas más recurrentes para experimentar con tal paradigma no son sencillas y han requerido el ingenio de los investigadores.

En el campo de estudio de la percepción inconsciente, a partir de la técnica del enmascaramiento[6], se concluyó que sí procesamos información que perceptualmente no había pasada inadvertida. No obstante, lo interesante son experimentos en los que la percepción inconsciente incidía a la hora de inducir estados motivacionales y afectivos o promover preferencias y elección de respuestas específicas. Es impactante pensar que palabras o imágenes aisladas puedan crear un efecto priming lo suficientemente potente como para generar efectos cognitivos, afectivos, motivacional y, en general, conductuales capaces de poner en duda, por ejemplo, la pretensión de elaborar y manejar conceptos con rigurosa objetividad. Parece inevitable plantearse que, en algún momento, procesos o actividades gnoseológicas queden adulteradas por la percepción inconsciente de algún elemento de nuestro entorno.

En el campo de estudio de la memoria inconsciente, lo que fue llamado “memoria implícita”, encontraron en la cognición y conducta de amnésicos contenidos de episodios supuestamente olvidados. Lo sorprendente de la experimentación con amnésicos fue la incorporación de pruebas indirectas que suponen no preguntar directamente por un contenido que se les ha pedido que memoricen, sino que se les pide hacer tareas en las que se manifiesta lo memorizado. Por ejemplo, si se les pide que memoricen doce nombres de personas y luego se les pide que escriban cincuenta nombres de personas. El rendimiento de los amnésicos en estas pruebas es enorme, casi normal en comparación con los no amnésicos. Las pruebas manifestaban que aunque los participantes no recordaban directamente lo memorizado de alguna forma lo retenían. Una vez más, lo interesante fue encontrar priming y otros fenómenos a causa de contenidos de experiencias del pasado que no eran recordados conscientemente. No obstante, actualmente ya es evidente que existe memoria inconsciente y las investigaciones se centran en desglosar su naturaleza.

Por lo contrario, en el campo de estudio del aprendizaje inconsciente, también llamado “aprendizaje implícito”, la experimentación se complica pues: 1) el tipo de información a estudiar (reglas, patrones, etc.) es mucho menos específico que en el caso del estudio de la memoria. 2) No hay garantía de que los individuos no confundan el conocimiento adquirido de forma consciente y olvidado del conocimiento adquirido inconscientemente. A pesar de estos problemas se acepta que los experimentos muestran que hay aprendizaje inconsciente en la medida que, como ocurre cuando aprendimos nuestra lengua materna, cuando estamos expuestos a situaciones complejas (p.e. gran cantidad de léxico y gran cantidad de reglas sintácticas) y así, durante un tiempo considerable, acabamos por tener aprendizaje sin haber tomado conciencia del proceso (al niño no se le enseñan explícitamente las reglas gramaticales y tan sólo experimenta su uso). Esto también se entiende con el condicionamiento pavloniano pues este otro tipo de aprendizaje se produce incluso sin tener conciencia de la contingencia de los elementos conectados. En este caso, creo que es interesante plantear la posibilidad real de que hayamos aprendido reglas de comportamiento que nos son totalmente desconocidos y que de tener conciencia explícita de ellas estaríamos de acuerdo en considerarlas en muchos casos contraproducentes para el estudio objetivo del mundo. En el siguiente apartado haremos un acercamiento a esta cuestión.

El último campo de estudio sobre el inconsciente en un proceso psicológico es el pensamiento. Para nuestros intereses parece el más determinante, no obstante es el campo de estudio menos estudiado y con más dificultades experimentales. En Holanda, Ap Dijksterhuis dirige un laboratorio en su estudio sobre el pensamiento inconsciente y puede presumir de enfocar la cuestión con gran prudencia y rigor metodológico. Uno de los experimentos más impactantes fue presentar a los participantes cuatro marcas de coches. Dos marcas tenían un 50% de atributos positivos y un 50% de negativos. Otra marca tenía 75% de atributos positivos y 25% de negativos. Y por último, la última marca tenía un 25% de atributos positivos y un 75% de negativos. Los participantes tenían que concretar qué marcas eran mejores que otras (a partir de la lectura de sus atributos). Para el estudio del pensamiento inconsciente se pidió que los participantes, durante el tiempo en que tenían que decidirse, estuvieran distraídos con una tarea. Por lo contrario, para compararlo con los que pensaban conscientemente, otros participantes pudieron concentrarse en deliberar qué marcas eran mejores que otras. Así pues, por ahora tenemos dos grupos: el grupo que se les deja pensar conscientemente y el grupo que no puede pensar conscientemente y que tendrán que pronunciarse sobre qué marcas son mejores sin haberlo pensado conscientemente. A esto hay que añadir una variable más y es que primero había poca información a tener en cuenta (cada marca tenía 4 atributos) y luego, en una segunda ronda, había mucha más información (12 atributos por marca).

Puede verse que en el caso del pensamiento inconsciente éste obtuvo mejores resultados cuando tenía que procesar mucha información mientras que el pensamiento consciente obtuvo un resultado muy negativo. Por lo contrario, cuando había poca información que tratar el pensamiento consciente era más útil aunque el pensamiento inconsciente no obtenía tan malos resultados.

Así pues, como aclaración de todo lo expuesto en este apartado, el inconsciente no sólo es una realidad que está, nunca mejor dicho, implícita en los procesos psicológicos de cada uno, sino que podemos decir que tienen unas propiedades determinadas. Así a grosso modo y respecto al consciente:

-Mientras que el consciente está limitado tanto en aprehensión de cantidad de información a procesar (50 bits/s) como en tiempo a toma de conciencia (250 ms), el inconsciente no flaquea ante la complejidad pues puede procesar hasta 11.000.000 bits/s y solamente necesita 100 ms para hacer todos los procesos pertinentes ante la información que recibe.

-Mientras que el consciente es el resultado final que integra un sin fin de procesos, el inconsciente es el superconstructo que ocupa los estratos inferiores y que son la base de lo emergido en la conciencia.

-Mientas que el consciente es el centro de mandos de deliberación, el inconsciente es el piloto automático. Así, el inconsciente libera a la conciencia y se ocupa de las cosas automáticamente.

-Mientras que el consciente es analítico y convergente, el inconsciente es asociativo y divergente.

-Mientras que pensábamos que el consciente era aquel que tomaba todas las decisiones importantes, ahora empezamos a entender que muchas de las razones de nuestros pensamientos, sentimientos y actos están en nuestro inconsciente.


[1] No obstante, aconsejo encarecidamente la lectura de la obre de Jung como literatura llena de reflexiones agudas e intuiciones que quizás algún día puedan ser investigadas debidamente.

[2] “The new unconscious”, Ran R. Hassin, James S. Uleman, John A. Bargh – Oxford University Press, 2005.

[3] “El inconsciente Cognitivo en la psicología científica del S.XXI”, Manuel Froufe, Benjamín Sierra y Miguel Ángel Ruiz – Universidad Autónoma de Madrid). Extensión Digital – número 1 . Año 2009 – ISSN 1851-9237

[4] Priming, dicho llanamente, es aquello que tenemos activado en el cerebro antes de una actividad y que por lo tanto nos predispone a experimentar una actividad en cierta manera.

[5] No obstante, en el caso del aprendizaje se registra la mejoría en la ejecución de alguna tarea.

[6] Dicha técnica consiste en presentar rápidamente una imagen que el experimentador pretende que el participante no perciba. A continuación, 40 ms después, se presenta en el mismo lugar un patrón estimular estructuralmente similar. Así, este proceso en su conjunto, consigue enmascarar la imagen a ocultar de la conciencia.

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