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Acerca del Teatro

diciembre 14, 2010

 

El fin de semana pasado tuve el honor de asistir a la presentación del espectáculo de la compañía Javier Villena “Líbido”, que recomiendo a toda persona interesada en el teatro. De entre las muchas cosas que se podrían decir, en esta entrada debo hacer incapié en su mensaje de fondo, un manifiesto a favor del teatro.

El teatro… el actor… el juego que se da entre espectador y actor… la mágia del espectáculo… sus peligros…

El verdadero actor es aquél que consigue llevar a los espectadores fuera de la realidad, el que consigue que el juego del teatro llegue a su culminación, a saber, que se paralize el tiempo y el espacio, que se transforme la realidad y nos meta de lleno en la acción teatral. Y os preguntaréis, ¿qué relación tiene esto con la Filosofía?

Mientras haya un discurso, mientras haya filosofía, habrá teatro. Aunque últimamente aquellas obras más importantes, las más vistas, sean mero entretenimiento como intento de hacer frente al cine, no se debe olvidar la estrecha relación que siempre ha tenido el discurso teatral y la filosofía. Schopenhauer nos decía que el arte era el medio para paralizar la rueda de la voluntad, ese es el peligro del teatro, su capacidad para paralizar nuestra voluntad, su capacidad para llevar a término un milagro excempto de religión. El actor es un sacerdote laico, capaz de crear un espacio, una relación, un tiempo alternativo a la realidad a los espectadores, una mágia que se alimenta a partir de la transmisión de energía entre todos los que asisten al espectáculo.

En esta sociedad en pleno movimiento, que no se puede parar a pensar, que su tiempo libre se traduce en hedonismo cinético y que su meta en la vida es poder trabajar para gastar en sí misma, se abre un telón a la alternatividad en pequeños espacios, lejos de teatros nacionales, donde aún se puede viajar hacia espacios immateriales, donde el discurso filosófico tiene cabida, y la crítica hacia la sociedad capitalista que lo destruye se transmite sin tapujos.

El peligro del actor es su versatilidad, su capacidad de manipular los símbolos ante el espectador, tal como hacen los curas con su falso discurso, con la pequeña diferencia de que el espectador sabe que le engañan y disfruta ante tal engaño. El peligro del teatro esta en su discurso, que nos muestra ante nuestras narices cómo se puede modificar el entorno sin ninguna más necesidad que la palabra y la acción… bonita palabra ésta, olbidada en el inconsciente del ser posmoderno.

 

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One Comment leave one →
  1. Lope de Sosa permalink
    diciembre 14, 2010 8:41 pm

    Estoy de acuerdo contigo, el teatro es un espectáculo excepcional, de origen mítico religioso en el mundo griego cuando se intentaba explicar el sentido trágico de la vida humana mediante la intevención de los dioses (predestinación). No se de cierto si es incluso anterior a la filosofía.
    Supongo que cuando hablas de los peligros del teatro lo haces en sentido figurado porque esos peligros parecen más bien las grandes virtudes del teatro

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