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Acerca de la muerte

noviembre 16, 2010

 

La muerte en nada nos toca, pues lo ya disuelto es insensible, y lo insensible en nada nos toca.[1]

A lo largo de la historia de la humanidad muchas de las reflexiones han girado alrededor de la muerte, sus consecuencias y lo que sucede tras ella. Esta reflexión es fruto del miedo instintivo del ser humano hacia el fin de su vida que le hace crear y creer que alguna cosa hay tras el final de la existencia terrenal, como si fuera una esperanza de poder hacer aquellos proyectos que no ha logrado llevar a término en vida.

La religión sin duda es el mayor ejemplo de cómo se juega con los miedos más profundos de la existencia humana, pero no por eso se tiene que entender que son los más bien preparados para darnos respuesta. Es bien conocida la moral católica, esa que nos hace vivir en un infierno de normas de conductas férreas por tal de poder entrar en el paraíso del cual fue expulsado el ser humano por el pecado de la carne. Aún así la filosofía ha ido evolucionando a partir de la reflexión entorno a la cuestión de la muerte abriendo los ojos a más de uno.

Ya en el helenismo se daban respuestas hacia esta cuestión que cuestionaban las propuestas religiosas. Mayoritariamente la respuesta era que por un lado no podemos intentar obviar lo inevitable, y por otro que la muerte no nos supone un dolor hacia nosotros. Es lo más lógico del mundo, pero yo me pregunto, ¿por qué aún se teme la muerte? ¿Por qué parece ser tabú decir que aceptas que tu vida se puede terminar mañana mismo?

La respuesta no viene desde el instinto, esta claro que si me empujan barranco abajo intentaré evitar morir, pienso que más bien lo que se teme es el olvido. En la actualidad parece que todos buscan sus quince minutos de fama, como dijo Warhol, por tal de creer y querer ser recordados por la eternidad. Como si eso fuera lo más importante de la existencia humana… No creo tener la verdad, aunque la realidad nos muestra que todo aquello que empieza acaba. Por eso la muerte de uno mismo o de la gente de tu alrededor tiene que ser conocida y aceptada, negarla es cosa de necios. Cada día mueren miles de personas en el mundo, ¿por qué pensar que nosotros no? Ese miedo nos lleva a creer en mitos que solo hacen que auto-alimentarse mediante nuestras estúpidas supersticiones, creando cuentos fantásticos como la existencia de un infierno y un cielo con un juez que decide si has sido bueno o malo partiendo de unas premisas morales creadas por el poder para controlar nuestras vidas.

Para acabar recordar a Nietzsche cuando nos plantea que haríamos si la muerte nos propusiese vivir eternamente o morir en ese instante y repetir la misma vida para siempre… Sin duda escojo la segunda opción.

 


[1] Epicuro, Diógenes Laercio Vida de Filósofos Ilustres, Libro X 103-2

 

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4 comentarios leave one →
  1. noviembre 16, 2010 5:37 pm

    Qué foto tan poética… ¡Me ha gustado!

    Como la obra de teatro de un conocido de un conocido… En la que se narra como van desapareciendo en la Tierra las personas que recordaban a un difunto. El goteo lento del olvido, un dol0r inhumano de no haber sido.

    Un saludo

  2. Lope de Sosa permalink
    noviembre 16, 2010 7:14 pm

    Comparto totalmente tus meditaciones epicureas sobre la muerte. No debemos temerla porque ni siquiera podremos vivirla ( o sentirla) puesto que supone la insensibilidad total. Solo asistimos a la muerte de los demás, la nuestra la podemos intuir pero nunca experimentar.

  3. Lope de Sosa permalink
    noviembre 16, 2010 7:31 pm

    En cuanto a la religión, no sólo pretende aliviar nuestro miedo y ofrecer una esperanza de inmortalidad. También tiene un segundo objetivo más sutil, el del control social en esta tierra mediante la amenaza del castigo divino en la otra vida. Cicerón era un firme defensor de la religión considerada en este sentido, creo que dijo algo así como que: ” si no existiera la religión habría que crearla”…… O quizás fue otro quien lo dijo?.

    En lo referente al temor al olvido también tienes razón. En parte lo conjuramos en intentos vanos de alcanzar la fama o más modestamente, transmitiendo parte de nosotros a nuestros hijos y buscando en ellos el recuerdo. Nos consuela la memoria de la posteridad. Por eso en la antiguedad a los faraones, reyes o emperadores odiados por sus sucesores se les aplicaba la “damnatio memoriae” que consistía en destruir todas sus estatuas o inscripciones alusivas a su reinado buscando así matarlos por segunda vez mediante el olvido.
    De cualquier forma la inmortadidad o la eternidad es un concepto demasiado abrumador para el ser humano. La vida es interesante vivirla porque tiene fin y la muerte si es digna puede ser un buen marco para el cuadro de la vida. Petrarca dijo: “un bel morir, tutta la vita onora”.
    Disculpa, pero cuando me interesa un tema creo que me “enrollo” demasiado.

  4. noviembre 20, 2010 7:57 pm

    Si, però, i el procès de la mort? Aquest si que el patim!
    Crec que no es tem a la mort en si, excepte en aquests casos que comentes en què es creu amb un judici després de la mort, o coses així, però si que tenim present que en algun moment ja no podrem fer el què volem fer i per això es tem a la mort, perquè durant el temps previ, no es viu com un desitjaria.

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