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El camino de regreso del supersabio: lo que Zaratustra no aprendió del mito de la caverna

octubre 26, 2010

Introducción  

En este post relacionaré las tres etapas del superhombre que describe Nietzsche en el “Así habló Zaratustra” (el sufrimiento del camello; la rebeldía y liberación del león y la autocreatividad del infante) y el camino de ida del hombre de la caverna del mito de Platón (los hombres en estado de ignorancia y esclavitud; la liberación de ese estado de esclavitud y la experiencia del conocimiento).

Como muchos sabréis, el hombre de las cavernas de Platón regresa a la cueva lo cual supone encontrarse con unos problemas y unas posibilidades que el superhombre de Nietzsche no contempla. Así pues, mi intención será  intentar explicar este retorno a la cueva desde Nietzsche con tal de completar el proceso de transformación del superhombre encarnado en el personaje nietzscheano de Zaratustra.

La cuestión principal es evitar lo siguiente:

Zaratustra, el infante -aquel que ha superado la etapa del camello y del león- está colmado de saber, necesitado de compartir su conocimiento. Así pues, se dirige al pueblo. No obstante, nadie le entiende…

Es interesante fijarse en que, etimológicamente, “infante” es aquel que carece de lenguaje hablado. Como es consabido hoy en disciplinas como en psicolingüística o biología evolutiva, el lenguaje surgió en estrecha relación con la cultura. Es por eso que el ser humano que experimenta la etapa del infante se caracteriza, entre otras cosas, por haber conseguido cierta desculturalización (y desconceptualización) y, por consiguiente, por haber perdido aquello que permitía comunicarse empáticamente con la sociedad. Luego entiéndase la etapa del león como este propio proceso de desculturalización. Nietzsche:

Eso es lo que harán los hombres del futuro con todos los valores del pasado; es preciso, pues, revivir voluntariamente esos valores alguna vez, así como los valores opuestos, para acabar teniendo el derecho a pasarlos por la criba.”

El producto resultante del proceso del león es el haberse desligado de los límites impuestos por la cultura. Esto supone desconceptualizar el mundo, supone olvidar la dimensión social y política del mundo, supone autocontrol o, mejor dicho, autoconocimiento y conocimiento del entorno para adaptarse a él. Esto último debería justificarlo con mayor claridad pero para el caso es suficente con quedarnos con la importancia de liberarnos de los límites culturales.

Inevitablemente, el hombre de las cavernas que sale de la cueva (como infante) pasa por una etapa de soledad, de caminar sin referentes, sin conceptos, sin nada. Sólo vértigo y esperanza. Este vivir como ermitaño es el estilo de Zaratustra, es el estilo de vida que le había hecho rebosar de luz. Y lo mismo ocurre con el hombre de las cavernas del mito de Platón; también éste emprendió un camino solitario de autoconocimiento y realización personal.

Recapitulando, hasta aquí tenemos el siguiente esquema:

La fase de transformación que Nietzsche olvidó

Cuando se recuerda el mito de la caverna de Platón suele olvidarse una cosa muy importante y es que el hombre de las cavernas (que ha salido y visto el mundo real e ideal) acaba regresando a las cavernas para comunicar lo que ha visto. Cuando ocurre esto, sus iguales se ríen de él. Es justo lo que le ocurre a Zaratustra cuando habla con los demás hombres: no le entienden y también se mofan de él. Es el famoso síndrome del sabio que parece estar loco.

Es por ello que pienso que esta etapa de retorno del hombre de las cavernas supone, en el marco conceptual nietzscheano, la etapa del infante que se autoinstruye, se integra en la sociedad nuevamente y aprende a hablar (por lo que deja de ser un infante). Si no, mientras tanto, a oídos de los demás el infante balbucea y hace gestos graciosos.

Antes de esta etapa, el infante ha desconectado del mundo humano. Así, su forma de hablar no es clara y -aunque ahora consciente de la verdad, el poder del pensamiento y la intuición- ignora el valor de adaptarse al entendimiento de los demás. El director Luis Buñuel trata varias veces esta cuestión en “Simón del desierto”. Por ejemplo, cuando un monje dice al asceta Simón:

“Tu desinterés es admirable y muy eficaz para tu alma pero temo que, como tu penitencia, de poco sirva al hombre”

A lo que Simón responde:

“No te entiendo, hablamos lenguajes distintos”

En la misma película, poco después, cuando Satanás se presenta a Simón en otro intento de hacerle caer en la tentación, Simón se vale de sus recursos que siempre le habían servido para rehuir del mal (p.e., santiguándose). Sin embargo Satanás le dice:

“No hagas más gestos con la mano porque esta vez no te va a servir”

Justo en ese momento, los protagonistas se trasladan desde comienzos de la Era Cristiana en Egipto hasta la Nueva York del S.XX. Y es cuando queda una cosa clara respecto a Simón: su mensaje, su lenguaje, su hacer, su pensar, etc. han quedado obsoletos, sin poder.

En conclusión, es absolutamente necesario que el hombre que ha salido de las cavernas -y ha experimentado lo más elevado- adapte su mensaje al lenguaje (a las reglas) de los cavernícolas. Gadamer:

“Una lengua resulta ser una manera de interpretar el mundo, que precede a toda actitud reflexiva. Todo el pensamiento se desarrolla en el surco trazado por la lengua, tanto en el sentido de limitación como en el de posibilidad”

Haciendo un puente al futuro

Entonces será hora de aprender de nuevo, de volver a culturizarse puesto que la cultura es el suelo común, el que posibilita la comunicación. Además, la culturización después de la desculturización (que supone salir de la caverna) permite que uno tenga un dominio del lenguaje diferente a la gran mayoría que lo ha aprendido inconscientemente (y que todavía cargarán con muchos sufrimientos, todavía serán, en el contexto conceptual nietzscheano, camellos). Es aquí y ahora donde y cuando entran en juego la filosofía, la ciencia y la epistemología (en un sentido amplio) como potentísimos recursos para mantener la cordura, alfabetizarse y comprender qué es el lenguaje, qué ocurre en la cultura, cómo funciona nuestra subjetividad, cómo adquirimos conocimientos, etc. Por supuesto, estas disciplinas ya nos habían ayudado en el múltiple proceso de liberación[1] (proceso que probablemente no acabe nunca del todo). La diferencia entre antes y ahora es que ahora, como infantes, estamos en una dimensión de (relativa) pura percepción por lo que la restauración de la dimensión cultural permite una claridad intelectual muy especial (tenemos la oportunidad de conceptualizar lo que antes, por cultura, nos era imperceptible) y también permite comprender mejor a los demás: ahora es posible lograr un mapa común, encontrarse en el mismo modelo del mundo, o como dice Gadamer: “participar en el sentido compartido” o “ponerse de acuerdo en la cosa” o intentar trasladarnos hacia la “perspectiva bajo la cual el otro ha ganado su opinión”.


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7 comentarios leave one →
  1. octubre 27, 2010 12:19 pm

    ¡Me gusta!

    ¡Buena entrada Aleix! Bien completita, hablando de un tema que ha dado pie a muchas interpretaciones y muchas líneas llenando páginas en blanco. Tu ejercicio de resolver una de las dificultades de esta paradoja me parece correcta y fundamentada. Ya no sé si estaría de acuerdo en asentir, pero te felicito.

    Unas cuestiones, en ese camino a superar el hombre, cuando éste vuleve, ¿tienen sentido aquellas construcciones obsoletas que se encuentra? Es decir, si la sociedad sigue igual cuando Zoroastro vuelve, ¿cómo adaptas un mensaje nuevo a/con términos obsoletos?

    Me ha dado que pensar este post, cosa que haré extensible cuando piense más… jejeje!

    Saludos

  2. octubre 27, 2010 3:06 pm

    Muchas gracias, ¡Celebro que te haya gustado! ¡El tema tiene mucha chicha!

    En cuanto a tus dos preguntas querría antes hacer un reenfoque, a ver qué te parece. Creo que me ayudará a la hora de reflexionar sobre tus cuestiones (que tienen mucha tela).

    Un ajuste sería buscar otra palabra para denotar lo que llamas “construcciones obsoletas” o “términos obsoletos”. A mi forma de entender, una cultura no puede juzgarse como obsoleta o no. Sí que es cierto que el superhombre trae consigo un nuevo paradigma (y fíjate que no digo una verdad absoluta) que eliminará viejas concepciones, sin embargo la única forma de poner en crisis al paradigma imperante es, como he procurado argumentar en el post, desde el propio paradigma imperante.

    Así pues, a tu primera pregunta, yo diría que esas construcciones obsoletas constituyen parte del paradigma de esa cultura y, por lo tanto, tienen mucho sentido. De hecho, la cultura sería el referente que dictaría lo que tiene sentido y lo que no (lo que seguramente pensaría Gadamer). Por esta razón Zaratustra debería ceñirse al lenguaje de la cultura, de otra manera, lo que dijese no tendría sentido a oídos de la gente.

    En cuanto a la cuestión de adaptar el mensaje, aquí están la mayoría de problemas. Cuando el superhombre nietzscheano, totalmente liberado y rebosante de saber, vuelve a la cultura, el conocimiento que trae consigo es resultado de un proceso difícil y largo. En este punto quiero hacer hincapié en los términos “proceso” y “resultado” y en la relación que hay entre ambos términos. Intuitivamente, podría representarse así:

    (0) —-> (1)—->(2)—->(3)—->(4)—->(R)

    La secuencia (0-1-2-3-4-R) conformaría el PROCESO.
    (R) sería el RESULTADO, es decir, el producto resultante del proceso.

    Pues bien, el superhombre, para adaptarse a su audiencia, tendría que entender que lo que sabe es (R) y que ha sido fruto de un PROCESO muy concreto. Así pues, por la propia dinámica del aprendizaje humano, deberá buscar el modo de que su audiencia llegue hasta (R) a partir de (0) que es el punto desde donde su audiencia parte (sería el paradigma imperante). Por supuesto, el superhombre, para comunicar su saber, tendría que procurar que su audiencia hiciera el proceso (0-1-2-3-4-R).

    He aquí el esfuerzo de Zoroastro/Zaratustra para hacer pedagógico lo que quiere transmitir. De lo contrario, si enseñara directamente (R), omitiendo el PROCESO, nadie le entendería y su intención de comunicar su mensaje sería un fracaso.

    Como ves, la estructura es la misma que cuando nos enseñan matemáticas: primero aprendemos los números, luego la suma, la resta, multiplicar, etc. Aprender matemáticas implica una secuencia de aprendizaje. Sin embargo, esta estructura aplicada al mensaje de Zaratustra ¿No sería diferente y mucho más problemática?

    ¡Salud!

  3. abril 20, 2015 9:28 pm

    Me ha gustado mucho tus comentarios. Se me han emparentado con mi trabajo.

  4. junio 22, 2015 9:49 pm

    Ese es solo una posible solución al problema de la caverna: una barrera linguistica. A saber, no existe una palabra adecuada para explicar algo que una persona jamás ha experimentado con sus sentidos incluida la imaginación y menos un método universal para lograr dicho resultado. Pero existen muchas otras posibles soluciones o explicaciones a la caverna. De hecho la solución linguistica la dió el mismo Nietzsche cuando dijo que “la reacción la gente depende mayoritariamente no de lo que le digas sino cómo se lo digas”

    Afortunadamente el problema de la caverna da para más que una hipótesis linguistica pues bien, hay casos en que se trata de usar el lenguaje del pueblo para despertarlo pero ni así se les saca de la caverna. Ahí entran explicaciones culturales o de la naturaleza humana como el miedo al cambio, zona de confort, miedo a lo desconocido, etc que no parecen tener otro origen más que la naturaleza… estas hipotesis claramente dejan en claro que, en la medida en que son ciertas, demuestran que el ser humano no es tan motivado por la razón tanto como lo es por sus emociones y que aún seguimos en el puente al super hombre.

    • junio 24, 2015 3:10 am

      Totalmente de acuerdo. Mi post presenta una interpretación de muchas. Muchas gracias por compartir!

Trackbacks

  1. Lo que Zaratustra no aprendió del mito de la caverna « Taijitu Ying Yang

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