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“La Evolución” (1/5)

mayo 24, 2010

Esta es la primera de un seguido de entradas destinadas a un estudio sobre la Teoría Evolutiva y la Historia de la Evolución.

(1/5)

Primeros pasos de la teoría evolutiva.

La historia del pensamiento evolucionista o transformista, considerando el evolucionismo como una teoría científica, diríamos que comienza a mediados del siglo XVIII, con Jean-Baptiste Lamarck. No obstante, la idea de evolución biológica se remonta a la Grecia Clásica, por ejemplo, en los trabajos de Anaximandro. O como en Empédocles, Demócrito y Epicuro, o incluso, los atomistas, quienes postularon que el sol, la tierra, la vida y, finalmente, el ser humano habían aparecido a lo largo del tiempo sin intervención divina.

Posteriormente, otros pensadores islámicos o cristianos siguieron ese ideario, como San Agustín de Hipona en el siglo IV, el cuál decía que “plantas, aves de corral y animales no son perfectos, (…) pero fueron creados en un estado de potencialidad”. Su idea de que los seres vivos se transformaban lentamente con el tiempo llevó a Giuseppe Tanzella-Nitti, profesor de teología de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, en Roma, a afirmar que éste había sugerido una forma de evolución. Como al igual, el científico, filósofo e historiador del siglo XIX John William Draper enmarcó los escritos del siglo XII de Al-Khazini como parte de lo que denominó la «teoría mahometana de la evolución»*[1].

Pero no será hasta el estudio evolutivo completo de Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829), donde encontraremos la teoría de la evolución más estructurada de la época. Este colaborador de Buffon, y también profesor del Museo de Historia Natural, en el año 1800 pronuncia una conferencia inaugural en la que expone una teoría coherente sobre la transformación. Admite la existencia de una evolución de las especies y trata de darle una explicación racional. La idea central es que dicha evolución es obra de la naturaleza, que se vale de infinitos recursos para producir especies; entre ellos dos son los más importantes: el tiempo y las condiciones favorables.

Lamarck postula dos fuerzas evolutivas cuya combinatoria habría conformado un árbol filogenético ramificado: por un lado, la tendencia intrínseca de la naturaleza hacia el aumento de la complejidad daría cuenta del tronco ascendente que puede trazarse desde los organismos más sencillos hasta los más complejos; por otro, la acomodación de los organismos a las circunstancias externas y la herencia de tales adaptaciones explicaría las desviaciones que ramifican esa gradación regular.

A menudo se asocia a Lamarck al misticismo y la defensa de una voluntad orgánica ajena a la causalidad física y responsable de la transformación de las especies, pero su tesis demuestra una visión de casualidad mecanicista, “(…) en su última gran obra, y el contexto de su teoría transformista, Lamarck defendió una visión convencional de causalidad mecanicista, y ridiculizó cualquier interpretación teleológica. Mantenía que los fines son falsas apariencias que reflejan una necesidad causal subyacente.*[2]

Por esta época, con las bases de la ciencia concretizadas, aparecen nuevas fuentes de estudio que ayudarían en divisar nuevos horizontes en esta naciente teoría evolutiva. Es el caso de la Paleontología, atribuido su origen a Georges Cuvier (1769-1832), del cual se decía que era muy hábil en la interpretación de los cada vez más abundantes fósiles. Era capaz de reconstruir un animal partiendo de un puñado de huesos. Sus estudios en este terreno le llevaron a decir que la fijación de las especies era lo más sensato, en contraposición de lo que su superior jerárquico Geoffroy Saint-Hilaire, pensaba. Esto situó a Cuvier frente a Lamarck.

Por otro lado, James Hutton (1728-1799); el primer geólogo sistemático del mundo y que proporcionó a la ciencia el primer esquema que aclaraba todos los fenómenos terrestres y sus procesos;  sustituyó las ideas catastrofistas por el principio del uniformitarismo, que viene a decir que lo que ocurre actualmente en la Tierra no difiere de lo que siempre ha ocurrido. Los procesos son los mismos y muy lentos.


*[1] Draper, 1878, pp. 154-155, 237.

*[2] Ruse, 1983, p. 337.

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