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Algunos riesgos de la biotecnología y la nanotecnología (2)

abril 22, 2010

En la actualidad, ciencias como la biotecnología y la nanotecnología, en plena expansión, presentan nuevas crisis a las que tendremos que hacer frente.

En el caso de la biotecnología, en los últimos años ha sido descubierto un suceso totalmente inesperado: la transferencia génica horizontal. A causa de ello muchas enfermedades están resurgiendo por todo el mundo más resistentes que nunca, además de surgir nuevas enfermedades como la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) de efectos muy serios: económicos (3000 millones de libras sólo en Reino Unido), políticos (agricultura, sanidad, política exterior, relaciones comerciales, etc.), etc. El enorme potencial destructivo de la biotecnología permite compararla con armas de destrucción masiva, por ejemplo, lanzando estratégicamente organismos transgénicos que pudiesen replicarse indefinidamente, separarse y recombinarse.

La nanotecnología plantea problemas entorno a las IA, la autorreplicación, etc. El miedo a que los futuros robots acaben tomando conciencia de su situación de servidumbre respecto a sus creadores o que una “plaga gris” pudiese expandirse sin control por todo el mundo.

Ante un panorama general tan desalentador, el cálculo de todos estos riesgos comporta también su serie de crisis. Para empezar, el desarrollo de los seguros en términos probabilísticos y en el marco legal ha propiciado que riesgos escandalosamente altos sean relativizados, menospreciados en su necesidad de sofisticado control o peor aún, ignorados. El hecho de no poder estar preparado para un accidente catastrófico alimenta todo esto. Además, la falta de responsabilidad para aquellos casos que más responsables hay, crea libertades y tabúes que en nada ayudan a desarrollar nuevos controles de prevención.

Así, las decisiones políticas que se toman al respecto no tienen en cuenta estos peligros y se centran sólo en las virtudes de las tecnologías. El hecho de que, como en el caso de Alemania con Jürgen Trittin (1998), cargos públicos determinen, según los intereses del partido, de sus patrocinadores y de otras circunstancias, si es necesario (o no, en este caso) la formación de un comité especializado en evaluar riesgos, convierte toda esta problemática en algo preocupante por la falta de un reconocimiento básico a todo lo expuesto. Por otra parte, si esto no fuera poco, cuando estos comités son consultados está el problema de que éstos los forman científicos e ingenieros, dejando de lado otros expertos que estarían realmente capacitados para diagnosticar los efectos de ciertas industrias en la sociedad, la política, la economía, la vida de cada día.

(si te interesa, este post está extendido en http://wp.me/pGDFO-b4)

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