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LA RECRIMINACIÓN DEL OCIO

marzo 10, 2010

‘Tanto tiempo de cautividad
por el infernal paraíso libre…’;
es una íntima estimación
que ha de sobrellegar
cuando sí se vive la vida,
cuando la vida es motor que te produce,
cuando te niegas ser doméstica conserva.
 
Francamente
los hechos son feroces,
testadura la social costumbre
que te ata manipulándote
en la esquina del cruce donde la salida…,
pero ¡ay dios! ¿qué será eso?
 
Sería éticamente saludable hallarse fuera
del hábito con barrotes de hierro y esqueleto de hormigón,
pero siendo uno el único
o, tan pocos esos;
estarías coherentemente en guerra
con el edificio de las necedades,
de las maldades
y de las sucias,
de las mal olientes
y feas costumbres.
 
Más proponérselo interiormente
es ya un alto grado de madurez,
madurez simplemente,
personalidad de matiz acentuado, elevado,
carácter propio indomable;
el mejor número para niños no del circo,
para los hombres y mujeres que sí hacen la vida,
de autores con nombres.
Esta estimable y necesaria propiedad
también se almacena en conserva editorial
que, ¡y qué gran lástima!
pues tiene fecha de caducidad,
pudriéndose a la velocidad del vértigo.
Es hasta un recochineo;
pues esa es la triste verdad.
 
De otro modo, cínica y seria tontería
es la cumbrera que nos duerme,
donde la mayoría sueña
y la minoría puede;
es la competitividad honoris causa,
es el mercado de los problemas
incluido desde el miserable caso hasta el masivo crimen;
es la ilusión del piso de pasillo y habitación
con hasta la “n” potencia de imágenes por cable;
pero que no es viviendo
donde nunca es la casa.
 
Así,
qué poco libre es el fundamento humano.
Qué poca necesidad de la cabeza
impidiéndose los nobles quereres
que no se pueden descubrir,
que no se sabe que existen.
Es la locura por camino,
y que ni se aprehende.
 
Ese es el mercado de artículos reproductores
de la estupidez humana;
que no es impotencia,
pues ni a ello se acierta con el humo en los ojos por testigo.
 
Comprender por sólo comprender
es un error verbal,
una enfermedad socio-mental
cuando la comprensión está divorciada del sujeto actuante.
Bien sabido:
¡Es conocimiento sin vida!,
otra forma de la muerte
y viviendo.
 
 
Francisco Pablo Fernández

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