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Día del Invitado: La Sustancia de la Existencia

diciembre 2, 2009

LA SUSTANCIA DE LA EXISTENCIA

por Francisco Pablo Fernández

-ensayo-


Si pienso ¿para qué existo?, y si así existo ¿porqué lo que he de pensar, porqué de eso he de depender?

Descarto con R. Descartes, que si así lo digo, eso ya es pensar.

Más decir es ya el cuerpo filosófico en cuestión; pero, si lo pienso ya no existo. Luego, entonces, ¿cómo se unen pensamiento y existencia?: con la afirmación de la vida. Y, que si para eso existo, claro que ‘he de pensar’ (no que ‘lo he de pensar’). Para pensar he de saber; y eso es lo que dudo cada día. Y ya estoy en el día que dudo. Y así, sin otra posibilidad, y esa es la solución, me encuentro  con el momento (el tiempo) que es el que afirma la vida; y de tal manera, ya no dudo de que pienso para la existencias que le he de otorgar al pensamiento.

Y ya dudo de que pienso. Existir es pensar.

Todos los mamíferos, hasta la zoología más cabal, han de saber más de lo que yo adelanto. El problema: ¿cómo me lo comunican, transmiten? Para eso yo he de pensar, existiendo como esa zoología de la que, y que no se me olvide, soy parte integrante, pero preguntán- dome por mi inquietud (e ingratitud) animal. Existo sólo cuanto estas palabras ya ni lo piensan. Y mi yo animal duda de que yo lo dudo. Con todo esto ¿qué es lo que he hecho?: fundamentar la razón; que si ello lo despejamos de la estática nos queda la dinámica, el Movimiento: la más relevante Lógica que conoce, con ese propósito, el mundo en todas sus interrelaciones y con todos sus aspectos, particularidades, que fundamenta el esencial pensar para vivir. El problema nodal: ¿qué es existir? Para existir se ha de hacer las existencias; y, como no basta, por insuficiente, se ha de hacer, además, la ruta animal del hombre; cuanto aquí sostengo: el ojo dialéctico de la Lógica.

A saber: el Pensar nos es dado sólo en la medida en que lo conquistamos, de modo que el sujeto sale fuera de sí, se convierte en acto, y sí sabe que ya existe.

Para hallarme ‘por encima’ de Hegel he de ‘superar’ a Marx; pero con la condición indispensable, ineludible e inconfundible de jamás soltarme de la mano de éste. De forma que Marx se halla tan fundamentado, en lo profundo (sin hallar el extremo) que Hegel se queda como el ‘pequeño viejo dialéctico de la esencia concretada históricamente’. Sigo manteniendo que aún no existo: de ahí que el tiempo afirme   la conciencia; y me quedo tan contento que me he de superar demostrando mi (y la) insuficiencia estatuida, constituida como obstáculo. Por ello, el Yo surge –obtenido- preguntándole al Ser: ¿Por dónde vamos? Y ya no se hace esperar el siguiente y Gran interrogante: ¿Por dónde empezar?

Se ha de seducir al Pensamiento para que la Existencia luzca su traje real: su Ser existente. Ello realizado, demostrado, mi yo-hombre se difumina, por completo, en el tratado conseguido de esa filosófica manera. De otro modo, todo se habría ido al garete, y yo sería el tratado, la idea científica más falsa que habría de denunciar y destruir.

Así la esencia, y con todo ello, pocas son estas ruedas para las que necesita este vehículo concreto, y en su forma anterior, sólo abstracto. Cuando no se conoce el itinerario hay que partir de conjeturas y con la investigación científica, por la serpenteada y escabrosa montaña del saber, hallar los pilares fijos, inconmovibles y de referencia de la estructura fundamental. En forma contraria, todo sería un sólo “ismo” en discusión con todos los “ismos” existentes. En este terreno, esa tendencia tendría sólo apariencia de verdad, en su conjunto; sería modalidad del modismo; sólo así construida, tendría que darle carta de naturaleza a los demás “ismos” que quiere negar –en su conjunto-. Se descubre en seguida ser el enfoque tan poco serio e insostenible, que lo mejor es abandonar las tierras pantanosas para no incurrir en el autoengaño: la casita del “ismo”, la mayor falsedad que encubre… a saber… hasta: maldita sociedad económica que se justifique especuladores con “cuatro” pretenciosos, pedantes, perniciosos y egoístas, filosofando la casita “ista”: el capitalismo, ¡claro!, con su parcela político-cultural.

Y colorín, colorado,

el ensayo sustanciado.

Francisco Pablo Fernández

(Texto y Dibujos)

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